Existe un consenso generalizado en que las Tecnologías de la Información y Comunicación (las TIC, en acrónimo ya extendido y aceptado) ofrecen extraordinarias oportunidades…pero también elevados costes e importantes riesgos. Esto se debe a la constante evolución de la tecnología, junto a la aparición de nuevas y más complejas formas de utilización de la misma y a la completa interconexión y globalización de la economía.
Así las cosas, los tres conceptos esenciales de Costes, Riesgos y Oportunidades hacen de las TIC un elemento estratégico para el crecimiento, maduración y transformación de las organizaciones, pero, además, las convierte en factor crítico de su éxito y supervivencia. ¿Es posible conjugar razonablemente estas situaciones?
Tampoco hay gran problema en reconocer un acuerdo casi unánime en considerar que las TIC serán el principal impulsor de la economía en el siglo XXI. Aunque esto puede ser objeto de ciertas matizaciones, existe acuerdo en que las futuras necesidades de negocio y ventajas competitivas estarán soportadas por el uso intensivo de las TIC. Aquellas organizaciones que no presten a las TIC al menos el mismo grado de atención que tradicionalmente se ha prestado a otras funciones como la productiva o la financiera, perderán su ventaja competitiva y serán, finalmente, expulsadas del mercado. Por el contrario, las organizaciones que concentren sus esfuerzos en el Gobierno de las TIC, verán cómo sus inversiones en TIC retornan valor a la compañía, potenciando el negocio y manteniendo controlados los riesgos inherentes a la utilización de la tecnología.
Por ello, y al objeto de racionalizar recursos, obteniendo los mayores retornos de inversión posibles, toda organización debe considerar un plan TIC que considere actuaciones en cada uno de los siguientes aspectos:
Así las cosas, los tres conceptos esenciales de Costes, Riesgos y Oportunidades hacen de las TIC un elemento estratégico para el crecimiento, maduración y transformación de las organizaciones, pero, además, las convierte en factor crítico de su éxito y supervivencia. ¿Es posible conjugar razonablemente estas situaciones?
Tampoco hay gran problema en reconocer un acuerdo casi unánime en considerar que las TIC serán el principal impulsor de la economía en el siglo XXI. Aunque esto puede ser objeto de ciertas matizaciones, existe acuerdo en que las futuras necesidades de negocio y ventajas competitivas estarán soportadas por el uso intensivo de las TIC. Aquellas organizaciones que no presten a las TIC al menos el mismo grado de atención que tradicionalmente se ha prestado a otras funciones como la productiva o la financiera, perderán su ventaja competitiva y serán, finalmente, expulsadas del mercado. Por el contrario, las organizaciones que concentren sus esfuerzos en el Gobierno de las TIC, verán cómo sus inversiones en TIC retornan valor a la compañía, potenciando el negocio y manteniendo controlados los riesgos inherentes a la utilización de la tecnología.
Por ello, y al objeto de racionalizar recursos, obteniendo los mayores retornos de inversión posibles, toda organización debe considerar un plan TIC que considere actuaciones en cada uno de los siguientes aspectos:
- Dirigir: Alineamiento con los objetivos del negocio para poder construir los mecanismos necesarios para entregar valor.
- Crear: Retorno de valor de la inversión realizada en TIC. Proteger: Gestión de riesgos para preservar el valor de los activos.
- Actuar: Gestión de recursos y desarrollo del plan TIC
- Monitorizar: Evaluación de la ejecución y desempeño del plan establecido para realinear el gobierno de las TIC con el del negocio si es necesario.
Según The Brookings Institute, sólo el 15% del valor de mercado de una empresa reside en sus activos tangibles, mientras que el 85% restante reside en sus activos intangibles, la mayor parte de ellos en forma de Información.
Si bien es cierto que lo que tradicionalmente se conoce como capital humano (y cuyo recurso más valioso es el “razonamiento”) y la parte del conocimiento que denominamos “tácito” (el que reside en las personas) no pueden considerarse como un “activo” , sí han de considerarse como “recursos” estratégicos de la organización y, sin duda la gestión de ambos, conocimiento y razonamiento, resultará fundamental para el éxito de las organizaciones del SXXI. He ahí el papel que representan las TIC, papel crucial ya que protagonizan la función de identificar, explotar, potenciar y desarrollar tanto conocimiento como razonamiento.

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